Durante décadas, Venezuela apostó todo al petróleo. El resultado está a la vista: cuando el precio del barril cayó y la producción colapsó, el país entero se derrumbó con él. La lección debería ser clara: la diversificación económica no es una opción, es una necesidad de supervivencia.
Venezuela tiene condiciones extraordinarias para desarrollar sectores como el turismo, la agricultura, la tecnología y la manufactura ligera. Tiene costas paradisíacas, selvas incomparables, suelos fértiles y una población joven y educada que ha demostrado su capacidad en todos los rincones del mundo.
El problema no es la falta de recursos o de talento, sino de políticas públicas inteligentes, estabilidad jurídica y un Estado que facilite en lugar de obstaculizar la actividad económica privada.
La Venezuela del futuro no puede ser petro-dependiente. O diversificamos ahora, cuando aún hay tiempo, o seguiremos siendo vulnerables a los ciclos del mercado petrolero.
Anabella Abadi es economista y consultora en políticas públicas.

