Esta semana cumple 90 años un hombre que nació en plena Guerra Civil Española, justo después del golpe de Estado militar de 1936. El país quedó dividido entre el bando republicano y el bando sublevado (nacionalista), liderado por el general Francisco Franco.
Este niño había nacido en un año de profunda división, y su papel en la vida sería precisamente conectar a gente que pensaba distinto, buscar el punto medio y construir equilibrios, porque nunca le gustaron los extremos. ¿Y qué mejor medio para hacerlo que una bicicleta?
A los 15 años ya recorría las calles de Barcelona en bicicleta como mensajero del Crédit Lyonnais, haciendo recados de banco en banco.
Trabajaba duro y pensaba lejos. Quería huir de la división de un país asfixiado por el autoritarismo. Cuatro años después, con solo 19 años, decidió venir a buscar un futuro mejor en Venezuela. En ese momento, Franco tenía 62 años.
“Cuidado y te monta en una bicicletea” es una frase común hoy en Venezuela, cuando alguien te mete en un negocio aparentemente atractivo con el que terminarás pagando muy caro. Este muchacho venía en bicicleta, pero nunca montó a nadie en ella.
En 1955, España vivía bajo la dictadura franquista. La Venezuela que recibió al joven ese año, que había hecho sus primeros ahorros pedaleando entre bancos, estaba a su vez bajo el régimen militar del general Marcos Pérez Jiménez, en su etapa más consolidada.
Al llegar, buscó empleo en el Banco Provincial como oficinista y dejó la bicicleta. Esa institución, muy joven y en plena expansión, había sido fundada apenas dos años antes, el 15 de octubre de 1953 en Caracas. Entre sus fundadores estaba el propio Crédit Lyonnais (donde él había trabajado en Barcelona), junto a Ramón Ricardo Ball (primer presidente), Oscar Machado Zuloaga, Eloy Anzola Montauban y otros.
El joven pasó rápidamente del uniforme de mensajero al traje y la corbata. Ingresó como oficinista en el Departamento de Cartera y fue escalando posiciones con esfuerzo y profesionalismo. Tendría que lidiar con militares, de los que precisamente venía huyendo, y los encontró en el banco.
El capitán de fragata (r) Remigio Elías Pérez fue presidente del Banco Provincial durante 35 años (1958-1993). Cuando llegó el momento de su relevo, el joven de la bicicleta —que ya llevaba casi 40 años en la institución— fue elegido para sucederle. Era 1993. El banco era un activo pujante, pero el horizonte político y financiero anunciaba tormenta.
Ese año fue especialmente turbulento: el presidente Carlos Andrés Pérez fue destituido por el Congreso en mayo por corrupción; asumió como presidente interino Ramón José Velásquez y, en diciembre, ganó las elecciones Rafael Caldera. En medio de esa inestabilidad política y de la grave crisis bancaria que estallaría en 1994, José María Nogueroles asumió la presidencia del Banco Provincial.
Durante su gestión (1993-1997), el Provincial alcanzó el primer lugar en el mercado financiero venezolano. En 1997, el banco fue adquirido por el grupo BBVA. Antes de su salida, un tema que no le apasionaba tanto como la bicicleta o los aviones le prepararía un camino difícil: la crisis de VIASA. El Banco Provincial, junto con Iberia, era accionista importante de la aerolínea. En febrero de 1997, bajo su presidencia, el banco solicitó el estado de atraso (concurso) de VIASA, lo que aceleró su liquidación.
Años después, en 2009, la Fiscalía lo acusó —junto a otros directivos— de quiebra fraudulenta, aunque el caso no prosperó en su contra. En una audiencia, una jueza le preguntó por qué siempre usaba corbata negra. Él respondió con serenidad: «Porque estoy de luto, porque la justicia ha muerto».
Frente al Ministerio Público se defendió con firmeza: «En el año 1993 dejé de ser presidente de VIASA» y «La declaratoria de quiebra no ha sido declarada fraudulenta, porque tal competencia corresponde a los tribunales penales, no al Ministerio Público».
En una célebre entrevista con José Vicente Rangel dejó una frase que quedó grabada: «Yo soy más venezolano que usted porque yo elegí. El que nace aquí no tiene mérito; yo sí elegí. Porque cada quien quiere a lo que pertenece, y yo creo que pertenezco aquí».
Hoy, nadie en el mundo bancario, empresarial o público habla mal de José María Nogueroles. No existe registro de alguien que haya resultado perjudicado en un negocio con él. Su autoridad moral y profesional nace de una reputación impecable, construida con hechos que ninguna calumnia ha podido mellar.
Lideró el BNC como una fiera, convirtiéndolo en uno de los bancos principales del país, y adquirió el BOD, un banco que en el peor momento rescató de las manos de Víctor Vargas, quien nunca había manejado bicicleta, sino montado caballos.
Hoy, José María Nogueroles, ya en sus noventa años, está al frente de una casa de bolsa y liderando el Banco Sofitasa del Táchira, empeñado en un fondo ganadero. La gente le dice que nada que camine es una buena garantía. Pero Nogueroles responde que sí, porque ha hecho negocios creyendo solo en la palabra del animal que camina más peligroso de la creación: el hombre.
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