
Durante dos décadas, Venezuela utilizó su riqueza petrolera para financiar movimientos políticos en toda América Latina, interferir en elecciones de países vecinos y exportar su modelo autoritario. Es hora de que el país reconozca este daño y pida perdón a la región.
Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Honduras, entre otros, sufrieron de distintas maneras la interferencia venezolana. Las consecuencias políticas de ese período siguen sintiéndose en varios de estos países.
Un gesto de reconocimiento y disculpa por parte del nuevo liderazgo venezolano no solo sería moralmente correcto, sino estratégicamente inteligente. Venezuela necesita reconstruir sus relaciones regionales para salir del aislamiento y acceder a los mercados y el apoyo que requiere su recuperación.
La reconciliación no comienza solo en casa. También debe proyectarse hacia afuera, hacia los vecinos que también fueron víctimas del populismo autoritario venezolano.
Columna de opinión publicada en The Venezuela Post.


